Palabras del Ministro de Defensa Nacional en la IV Conferencia Regional para América Latina y el Caribe sobre Municiones de Racimo
Santiago, 14 de septiembre de 2009
Es motivo de gran satisfacción dar inicio a esta IV Conferencia Regional para América Latina y el Caribe sobre Municiones de Racimo. Satisfacción por seguir avanzando en un compromiso firme y decidido por la erradicación de estas armas de la región y del mundo, pero por sobre todo, satisfacción porque aquí están presentes países de América Latina y el Caribe que han hecho esfuerzos por profundizar la dimensión humanitaria en los asuntos de seguridad y defensa.
Esta Conferencia, y la presencia de todos ustedes, es la mejor demostración del compromiso de la región con esta tarea.
Este compromiso regional no se queda en las palabras: se expresa en ejemplos concretos. No en vano, de los países aquí presentes provino el impulso fundamental para incluir en la Convención de Oslo, que prohíbe la producción, distribución y uso de las bombas de racimo, el artículo 5º relativo a la asistencia a las víctimas y que recoge las experiencias de la comunidad internacional y las ideas de la sociedad civil.
Consecuencia natural de este compromiso será la futura ratificación de la Convención en nuestra región. Aunque nuestros países no están afectados gravemente o no tienen víctimas producto de municiones de racimo, es un compromiso humanitario que hemos asumido con una mirada global, porque entendemos que éstas son causas indispensables para el bienestar de la humanidad. Por eso estamos dispuestos a avanzar con decisión. Deseamos aprovechar esta ocasión para felicitar a México, Nicaragua y Uruguay, que ya han ratificado el instrumento.
La política de Chile es muy clara en esta materia. Somos partidarios de abordar los asuntos de seguridad y defensa mediante la cooperación tanto a niveles bilaterales y regionales, como multilaterales. Muestra de esto es nuestra activa participación en el Consejo de Defensa Suramericano y en procesos como los de Ottawa y Oslo, sobre minas antipersonal y munición de racimo, respectivamente.
Hay metas fundamentales que nuestra región latinoamericana ya ha cumplido, a través del diálogo, la cooperación y la generación de visiones comunes. De este modo, América Latina puede sentir orgullo de ser una zona libre de armas de destrucción masiva y comprometida con su no proliferación. Pese a esto, hay armas de carácter convencional que por sus características deben ser proscritas también. Son armas que no permiten, en general, discriminar entre blancos civiles o militares, que afectan por igual a combatientes y no combatientes o que tienen efectos especialmente dañinos, permanentes y desproporcionados. Hay un consenso creciente en la comunidad internacional sobre la necesidad de prohibir también este tipo de armas convencionales, como ha sido el caso de las minas antipersonal y, ahora, las municiones de racimo.
Este movimiento se basa en una convicción humanitaria profunda, enraizada en el derecho internacional: las armas y sus usos también son objeto de normas y reglas que minimicen sus impactos y efectos no deseados. No obstante lo anterior, sabemos que los esfuerzos de reducción y prohibición tienen que ser compatibilizados con las necesidades de seguridad y defensa de los estados. La Convención de Oslo es un gran ejemplo de esto. En este instrumento, la comunidad internacional ha buscado una síntesis virtuosa que permita la erradicación de un tipo de arma que, si bien tiene efectos disuasivos innegables, debe y puede ser reemplazada por tecnologías más eficaces e inteligentes, que no disminuyen la capacidad de disuasión, pero minimizan los efectos adversos y no deseados, inaceptables desde un punto de vista humanitario.
Los impactos que estas obligaciones producen en la seguridad y defensa para los estados, hacen indispensable que avancemos conjuntamente en estos asuntos. Si abordamos el problema como región y adoptamos juntos el texto, contribuiremos a que se avance a nivel mundial en la solución de un problema humanitario, pero sin generar desequilibrios o tensiones innecesarias en el plano estratégico. En esto cada país es un actor necesario. Esa es nuestra invitación hoy.
Para Chile, cumplir con este compromiso ha sido una prioridad. Hemos asumido este compromiso de manera decidida y real. En el pasado fuimos un país productor y exportador de armas de racimo y hoy sólo nos queda un pequeño stock remanente en vías de desaparecer. Nuestro país ha participado desde los inicios del proceso de Oslo, asistiendo a todas las reuniones y adoptando el texto de la convención en diciembre pasado.
Un principio intrínsecamente ligado a las materias de desarme y derecho humanitario, es la transparencia. La transparencia no es sólo una acción deseable para la convivencia entre naciones, sino que representa un valor decisivo para cualquier trabajo en relación a las armas convencionales: mal podremos enfrentar desafíos que no vemos o frente a los cuales no hay voluntad para emprender acciones en función del bien común de los pueblos. Por ello, todo lo que podamos hacer para dar señales de confianza en la región es un trabajo que vale la pena emprender.
En este sentido, necesitamos más diálogo, más confianza, más transparencia. Una transparencia que se sustente en hechos concretos.
Los instrumentos existen y nuestro país invita decididamente a suscribirlos y emplearlos: podemos cumplir con el Registro de Armas Convencionales de Naciones Unidas; con la Convención Interamericana sobre Transparencia de Adquisiciones de Armas Convencionales y debemos seguir en el esfuerzo de cumplimiento de los informes de transparencia de la Convención de Ottawa. Chile ya está trabajando, junto con lo anterior, preparándose para dar cumplimiento a los compromisos que supondrá la Convención de Oslo en estas materias.
Los esfuerzos que hagamos para avanzar y desarrollar instrumentos que perfeccionen la forma como enfrentamos el desarrollo de nuestras capacidades de defensa, lejos de un detrimento, son una inversión en la seguridad de cada Estado. La historia nos lo muestra: la fortaleza de principios, la claridad de propósitos y la consistencia de nuestras acciones son el cemento de una paz duradera. Paz indispensable para los Estados y, más importante aún, para cada habitante de nuestra región.
No puedo terminar sin mencionar y agradecer, a nombre de Chile y los países aquí presentes, el liderazgo que Noruega ha ejercido en estos asuntos: sin su firme conducción y apoyo, así como su claridad de propósitos, habría sido mucho más difícil llegar al punto en el que estamos. Particularmente hoy, su compromiso, así como el del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, han sido fundamentales para realizar esta reunión regional.
Sean todos ustedes muy bienvenidos a nuestro país, particularmente los delegados de países amigos de la región y los representantes de la sociedad civil latinoamericana que nos acompañan. Les deseo que tengan una reunión fructífera, con hechos y no sólo con palabras, y una estadía muy grata en Santiago.
Muchas gracias.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario